{"id":98,"date":"2024-07-08T23:01:48","date_gmt":"2024-07-08T21:01:48","guid":{"rendered":"https:\/\/luis-paraiso.art\/?p=98"},"modified":"2026-06-09T15:37:04","modified_gmt":"2026-06-09T13:37:04","slug":"un-amigo-de-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luis-paraiso.art\/?p=98","title":{"rendered":"Arturo un amigo de infancia."},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"769\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/WhatsApp-Image-2021-11-01-at-18.43.00-769x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-99\" style=\"width:259px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/WhatsApp-Image-2021-11-01-at-18.43.00-769x1024.jpeg 769w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/WhatsApp-Image-2021-11-01-at-18.43.00-225x300.jpeg 225w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/WhatsApp-Image-2021-11-01-at-18.43.00-768x1022.jpeg 768w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/WhatsApp-Image-2021-11-01-at-18.43.00-1154x1536.jpeg 1154w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/WhatsApp-Image-2021-11-01-at-18.43.00.jpeg 1202w\" sizes=\"auto, (max-width: 769px) 100vw, 769px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando mi madre muri\u00f3, yo me encontraba en Suecia, tan lejos de Guatemala que durante mucho tiempo tuve la impresi\u00f3n de que la noticia hab\u00eda tardado varios d\u00edas en alcanzarme y que, mientras mi hermana lloraba al otro lado del tel\u00e9fono, una parte de m\u00ed segu\u00eda caminando por las calles de Estocolmo sin enterarse todav\u00eda de que acababa de quedarse hu\u00e9rfana.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mi hermana me dio la noticia entre sollozos y suspiros desesperados, y aunque han pasado muchos a\u00f1os desde entonces, todav\u00eda recuerdo que aquella tarde las personas continuaban entrando y saliendo de las tiendas, los tranv\u00edas segu\u00edan su recorrido habitual y los \u00e1rboles desnudos del invierno parec\u00edan ignorar que en alg\u00fan rinc\u00f3n del mundo una mujer buena acababa de abandonar la tierra.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Si alguien me hubiera visto caminar desorientado por aquellas calles, con las manos hundidas en los bolsillos y la mirada perdida, habr\u00eda pensado que aquel hombre no llegar\u00eda jam\u00e1s de zope a gavil\u00e1n, como dec\u00eda la gente de mi pueblo cuando ve\u00eda a alguien derrotado por una desgracia demasiado grande.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Con las pocas coronas que me quedaban busqu\u00e9 una cabina telef\u00f3nica y llam\u00e9 a Arturo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Mi madre muri\u00f3 \u2014le dije.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Del otro lado de la l\u00ednea se hizo un silencio tan largo que por un momento cre\u00ed que la comunicaci\u00f3n se hab\u00eda interrumpido. Pero despu\u00e9s escuch\u00e9 su respiraci\u00f3n y finalmente su voz, quebrada por una tristeza que no era solamente la m\u00eda.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Sabes, Luis \u2014me dijo\u2014, con la muerte de tu mam\u00e1 tambi\u00e9n se muere una parte de m\u00ed. Un pedazo de mi infancia se va con ella. Todav\u00eda me recuerdo de las noches en que nos contaba historias de aparecidos mientras echaba tortillas al comal. Me recuerdo de su risa, de su manera de rega\u00f1arnos y de aquellas tardes en que lleg\u00e1bamos hambrientos de tanto andar por las calles. Tu mam\u00e1 acompa\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n mi infancia. No te preocupes. Har\u00e9 por tus hermanas lo que t\u00fa habr\u00edas hecho si estuvieras aqu\u00ed.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fue entonces cuando comprend\u00ed algo que los a\u00f1os terminar\u00edan confirm\u00e1ndome muchas veces: que los verdaderos hermanos no siempre nacen bajo el mismo techo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>A veces la vida los pone en nuestro camino con la naturalidad con que llegan las lluvias de mayo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos conocimos cuando tendr\u00edamos once o doce a\u00f1os, en un noviembre que hoy me parece tan remoto que casi podr\u00eda jurar que ocurri\u00f3 en la vida de otro. Yo pasaba frente a su casa cuando lo vi sentado en el suelo, peleando con una bicicleta pinchada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ten\u00eda la cara de los muchachos que todav\u00eda creen que todos los problemas del mundo pueden resolverse con un poco de paciencia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>\u00bfQu\u00e9 te pasa? \u2014le pregunt\u00e9.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>No encuentro c\u00f3mo reparar esta condenada llanta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Le di una mirada al desperfecto y le dije:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Quit\u00e1 la rueda y vamos donde don \u00d3scar, el de la reencauchadora. Ese viejo siempre saca del apuro a los vagos y a los muchachos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Don \u00d3scar era uno de esos hombres que parec\u00edan haber existido desde antes de que naciera el pueblo. Viv\u00eda entre monta\u00f1as de neum\u00e1ticos y olor a caucho caliente. Sus manos estaban ennegrecidas por el trabajo y pose\u00eda una paciencia infinita para escuchar las historias de los adolescentes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aquella tarde regresamos orgullosos con la bicicleta reparada, ignorando que tambi\u00e9n acab\u00e1bamos de arreglar una amistad que habr\u00eda de acompa\u00f1arnos toda la vida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los a\u00f1os pasaron entre oto\u00f1os e inviernos y desde aqu\u00ed, con esta cara de viejo que me devuelve el espejo cada ma\u00f1ana, todav\u00eda puedo vernos caminando por las calles al caer la noche.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque los adolescentes tienen la necesidad de desafiar al miedo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Necesitan pelear.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Necesitan escapar.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Necesitan perderse.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y, sobre todo, necesitan a alguien que les sirva de espejo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nosotros \u00e9ramos la imagen del otro.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sal\u00edamos a caminar sin rumbo y regres\u00e1bamos de madrugada, convencidos de que est\u00e1bamos resolviendo los problemas m\u00e1s graves de la humanidad, cuando en realidad apenas aprend\u00edamos a ser hombres.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fue por aquellos a\u00f1os cuando comenzamos a escaparnos de casa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo hac\u00edamos con la misma seriedad con que otros se iban a la guerra.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos parec\u00eda que el mundo era demasiado grande para permanecer encerrados entre cuatro paredes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una de aquellas fugas termin\u00f3 llev\u00e1ndonos hasta uno de los \u00faltimos trenes de pasajeros de Guatemala.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Todav\u00eda hoy puedo escuchar el silbato de la locomotora.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Todav\u00eda puedo ver los pueblos desfilando detr\u00e1s de las ventanillas y nuestros rostros llenos de una felicidad que s\u00f3lo pertenece a los muchachos que todav\u00eda ignoran que la vida acabar\u00e1 cobr\u00e1ndoles todos aquellos excesos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aquel viaje dur\u00f3 varios d\u00edas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fue un viaje maravilloso al coraz\u00f3n de nuestra patria.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y mientras nosotros atraves\u00e1bamos monta\u00f1as y estaciones crey\u00e9ndonos due\u00f1os del mundo, nuestras madres seguramente envejec\u00edan de preocupaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero eso uno s\u00f3lo lo comprende cuando ya tiene canas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Recuerdo tambi\u00e9n una tarde en que lleg\u00f3 don Edmundo, el padre de Arturo, con una bolsa de d\u00e1tiles.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos reparti\u00f3 un pu\u00f1ado a cada uno.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fue la primera vez que prob\u00e9 aquella fruta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nunca olvid\u00e9 su sabor.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y todav\u00eda hoy, cuando los veo en alg\u00fan mercado o en una tienda de abarrotes, me vuelve la imagen de aquel hombre bueno, con su sonrisa tranquila y su generosidad silenciosa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hay sabores que conservan intacta la memoria mejor que las fotograf\u00edas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>A\u00f1os despu\u00e9s, una madrugada, cuando ser\u00edan las dos de la ma\u00f1ana, lleg\u00f3 la noticia de que don Mundo hab\u00eda muerto en un accidente por el t\u00fanel de Santa Mar\u00eda.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Regresaba de la costa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hab\u00eda asistido a un mitin pol\u00edtico.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y as\u00ed, de la misma manera en que llegan las desgracias importantes, se fue para siempre.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aquella noche comprendimos que los hombres buenos nunca se marchan del todo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Permanecen escondidos en los recuerdos de quienes los amaron.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tambi\u00e9n me recuerdo de otra de nuestras fugas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuimos hasta una finca llamada El Pe\u00f1\u00f3n, donde viv\u00eda un t\u00edo de Arturo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos escondi\u00f3 durante algunos d\u00edas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos aliment\u00f3.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos dej\u00f3 dormir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y cuando juzg\u00f3 que ya hab\u00edamos tenido suficiente aventura para una temporada, nos puso en una camioneta de regreso a casa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo hizo con esa mezcla de autoridad y ternura con que los adultos corrigen las locuras de los muchachos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pasaron los a\u00f1os.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Recib\u00ed por correo las fotograf\u00edas del casamiento de Arturo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y al verlas comprend\u00ed que la vida segu\u00eda avanzando con la paciencia de los r\u00edos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Nos hab\u00edamos hecho hombres.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sin darnos cuenta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Como se hacen los \u00e1rboles.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sin ruido.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sin ceremonias.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Simplemente creciendo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y sin embargo, segu\u00edamos siendo los mismos muchachos que hab\u00edan recorrido las calles de noche y abordado trenes por el puro placer de perderse.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque hay amistades que envejecen.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero no cambian.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Con el tiempo comprend\u00ed que cada hombre encuentra en el camino un hermano ajeno.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Es una manera que tiene Dios, o la vida, de impedir que atravesemos solos los barrancos, los r\u00edos y las monta\u00f1as que nos esperan.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Es la voz que te dice:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Vamos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y uno sigue adelante.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Gracias a esa voz escalamos cerros y volcanes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Gracias a esa voz atravesamos las derrotas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Gracias a esa voz sobrevivimos a la juventud y a las desgracias.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque nadie llega solo a la edad adulta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y nadie envejece completamente solo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Relatar sesenta a\u00f1os de mi vida ahora que el tiempo empieza a escasear es una tarea complicada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero hay una certeza que los a\u00f1os me han regalado.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Todos tenemos un amigo, una amiga o un conocido que un d\u00eda cualquiera deja de ser visita y se convierte en hermano.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Es el que nos abre las puertas de su casa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El que comparte el plato de comida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El que presta una camisa, un pantal\u00f3n o un abrigo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El que te da un par de zapatos sin esperar nada a cambio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y sin que nadie lo anuncie, una ma\u00f1ana cualquiera, ambos terminan dici\u00e9ndose:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Somos hermanos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Me recuerdo tambi\u00e9n que cuando tuve que partir al exilio, mi hermano Arturo y nuestro amigo Mario, el Chapis, fueron quienes me acompa\u00f1aron al aeropuerto.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Todav\u00eda puedo verlos desde la ventanilla.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los tres sab\u00edamos que aquella despedida era distinta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Las despedidas importantes siempre se reconocen por el silencio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ninguno llor\u00f3.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los hombres de nuestra generaci\u00f3n aprendimos demasiado temprano a esconder las l\u00e1grimas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero los tres sab\u00edamos que algo terminaba aquella ma\u00f1ana.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y que otra vida comenzaba.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Con los a\u00f1os comprend\u00ed que uno nunca se exilia solamente de un pa\u00eds.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tambi\u00e9n se exilia de las calles donde aprendi\u00f3 a andar en bicicleta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>De las tortillas calientes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>De los amigos que esperan en las esquinas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>De las voces que pronunciaban nuestro nombre cuando todav\u00eda \u00e9ramos muchachos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por eso, ahora que los inviernos son m\u00e1s largos y las fotograf\u00edas comienzan a parecerse demasiado a los sue\u00f1os, quisiera darme el tiempo de nombrarlos a todos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>De recordarlos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>De convocarlos otra vez desde la memoria.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque al final de la vida uno descubre que no son las riquezas ni los triunfos lo que permanece.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Permanecen los nombres.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Permanecen las voces.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Permanece el sabor de los d\u00e1tiles que nos dio don Mundo una tarde cualquiera.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Permanece el ruido de los trenes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Permanece la amistad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y permanecen esos hermanos ajenos que la vida puso en nuestro camino para que el viaje no fuera tan dif\u00edcil.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Quiz\u00e1 por eso la memoria insiste en volver.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque sabe que mientras alguien recuerde, nadie termina de irse del todo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y acaso sea por eso que todav\u00eda, algunas noches, cuando el viento golpea las ventanas de mi casa en Francia y el sue\u00f1o tarda en llegar, puedo vernos otra vez.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Dos muchachos flacos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una bicicleta averiada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una calle de noviembre.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y un mundo entero esper\u00e1ndonos detr\u00e1s de la pr\u00f3xima esquina.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"456\" height=\"627\" src=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-78.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1032\" style=\"width:261px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-78.jpg 456w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-78-218x300.jpg 218w\" sizes=\"auto, (max-width: 456px) 100vw, 456px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando el exilio hab\u00eda terminado por ense\u00f1arme que la nostalgia es una enfermedad silenciosa que se instala en los huesos y aprende a respirar con uno, me lleg\u00f3 la noticia de la muerte de Mario, el Chapis.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Yo estaba en Francia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hac\u00eda tiempo que las estaciones hab\u00edan dejado de sorprenderme y que los inviernos se parec\u00edan demasiado unos a otros. Aquella tarde telefone\u00e9 a Arturo sin sospechar que iba a recibir una de esas noticias que llegan sin anunciarse y dejan una sombra que tarda a\u00f1os en abandonar el coraz\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>No recuerdo por qu\u00e9 llamaba.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Quiz\u00e1 s\u00f3lo para escuchar una voz conocida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Quiz\u00e1 porque los hombres que viven lejos terminan aprendiendo a sobrevivir de recuerdos y de llamadas telef\u00f3nicas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Despu\u00e9s de hablar de una cosa y de otra, pregunt\u00e9 por Mario.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y entonces se hizo uno de esos silencios largos que uno aprende a temer con los a\u00f1os.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>\u00bfNo sabes? \u2014me dijo Arturo con una tristeza que parec\u00eda venir desde muy lejos\u2014. El Chapis muri\u00f3.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sent\u00ed que la sangre se me deten\u00eda.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>\u00bfCu\u00e1ndo? \u2014pregunt\u00e9.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Hace alg\u00fan tiempo.<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"790\" src=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Sans-titre-7-1024x790.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1033\" style=\"width:550px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Sans-titre-7-1024x790.jpg 1024w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Sans-titre-7-300x231.jpg 300w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Sans-titre-7-768x592.jpg 768w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/Sans-titre-7.jpg 1360w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>Y entonces me cont\u00f3.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Me dijo que poco a poco hab\u00eda ido perdiendo la ilusi\u00f3n de vivir. Como si un cansancio antiguo se hubiera instalado en su alma. Y para combatirlo empez\u00f3 a refugiarse en el alcohol, creyendo quiz\u00e1 que dentro de aquellas botellas encontrar\u00eda una tregua para sus tristezas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero las tristezas tienen la mala costumbre de crecer en la oscuridad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y un d\u00eda terminaron por llev\u00e1rselo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mientras Arturo hablaba, yo permanec\u00eda inm\u00f3vil dentro de aquella cabina telef\u00f3nica.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Todav\u00eda hoy recuerdo el vidrio empa\u00f1ado, el olor a metal y el ruido lejano de los autom\u00f3viles.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando colgu\u00e9, algo se rompi\u00f3 dentro de m\u00ed.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y entonces vomit\u00e9.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>All\u00ed mismo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Como si el cuerpo hubiera comprendido antes que el alma la magnitud de aquella p\u00e9rdida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Me apoy\u00e9 contra el cristal y permanec\u00ed largo rato sin moverme.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La gente segu\u00eda pasando por la calle.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los sem\u00e1foros segu\u00edan cambiando de color.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El mundo continuaba funcionando con aquella indiferencia que tienen las ciudades cuando ignoran que alguien acaba de perder una parte de s\u00ed mismo.<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"775\" src=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-238-1024x775.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1034\" style=\"width:472px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-238-1024x775.jpg 1024w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-238-300x227.jpg 300w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-238-768x581.jpg 768w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/familia-238.jpg 1314w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<p><strong>Y mientras me limpiaba la boca con un pa\u00f1uelo, comprend\u00ed que la muerte de Mario no me dol\u00eda solamente por la ausencia del hombre que hab\u00eda sido.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Me dol\u00eda porque con \u00e9l se iba tambi\u00e9n una parte de nosotros.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Se iba el muchacho que hab\u00eda re\u00eddo con Arturo y conmigo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El que me acompa\u00f1\u00f3 al aeropuerto cuando sal\u00ed al exilio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El que comparti\u00f3 aventuras, caminatas y sue\u00f1os cuando todav\u00eda cre\u00edamos que la juventud era una cosa interminable.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque la muerte tiene esa costumbre cruel.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>No se lleva \u00fanicamente a las personas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Se lleva tambi\u00e9n los tiempos que vivieron con ellas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y aquella tarde, en una cabina telef\u00f3nica de Francia, comprend\u00ed que nuestra juventud empezaba verdaderamente a morir.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Desde entonces, cada vez que recuerdo a Mario, no quiero verlo derrotado por el alcohol ni vencido por las tristezas que terminaron por apagarlo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Prefiero recordarlo como era cuando \u00e9ramos j\u00f3venes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Con aquella risa franca.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Con aquella lealtad silenciosa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Con aquella manera de estar presente sin hacer ruido.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque al final, los amigos no pertenecen a la forma en que murieron.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pertenecen a la manera en que fueron amados.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y en mi memoria, Mario el Chapis sigue siendo aquel muchacho que una ma\u00f1ana me acompa\u00f1\u00f3 al aeropuerto junto con Arturo, sin saber ninguno de nosotros que las despedidas m\u00e1s importantes son aquellas que no sospechan que est\u00e1n diciendo adi\u00f3s para siempre.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><\/figure>\n\n\n\n\n\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando mi madre muri\u00f3, yo me encontraba en Suecia, tan lejos de Guatemala que durante mucho tiempo tuve la impresi\u00f3n de que la noticia hab\u00eda tardado varios d\u00edas en 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