{"id":767,"date":"2025-02-13T13:49:05","date_gmt":"2025-02-13T12:49:05","guid":{"rendered":"https:\/\/luis-paraiso.art\/?p=767"},"modified":"2026-05-25T19:05:09","modified_gmt":"2026-05-25T17:05:09","slug":"vida-de-los-paredes-jimenez-zea-ceas-salguero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luis-paraiso.art\/?p=767","title":{"rendered":"Paredes Jimenez Zea Salguero: (En Construccion)"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"800\" src=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/WhatsApp-Image-2025-02-28-a-12.39.11_54e8f1d3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-808\" style=\"width:702px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/WhatsApp-Image-2025-02-28-a-12.39.11_54e8f1d3.jpg 800w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/WhatsApp-Image-2025-02-28-a-12.39.11_54e8f1d3-300x300.jpg 300w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/WhatsApp-Image-2025-02-28-a-12.39.11_54e8f1d3-150x150.jpg 150w, https:\/\/luis-paraiso.art\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/WhatsApp-Image-2025-02-28-a-12.39.11_54e8f1d3-768x768.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un pasado simple<\/h2>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Historia familiar de los Paredes, Zea, Salguero y Ceas<\/h1>\n\n\n\n<p>Los apellidos nacieron en China hace aproximadamente cinco mil a\u00f1os y florecieron en Europa durante la Edad Media. En aquel per\u00edodo comenzaron a simbolizar la propiedad privada y la identidad de las personas. En Guatemala, ejemplos como Lo de Bran y Lo de Coy, en Mixco, evidencian esta antigua tradici\u00f3n. A lo largo del mundo, los apellidos han sido un hilo conductor entre culturas diversas. Curiosamente, sociedades distantes entre s\u00ed crearon sistemas similares para formar apellidos, lo que sugiere un fen\u00f3meno cultural que trasciende fronteras y \u00e9pocas.<\/p>\n\n\n\n<p>En Armenia, los apellidos suelen incluir el nombre del padre acompa\u00f1ado del sufijo \u00abian\u00bb, que significa \u00abhijo de\u00bb, como en Agopian, Karlakian o Tachdjian. En los pa\u00edses n\u00f3rdicos se utiliza el sufijo \u00absen\u00bb, de la misma manera que en Andersen o Petersen. En otras regiones de Europa aparecen prefijos y terminaciones que reflejan el mismo origen familiar. Muchos apellidos derivan de profesiones \u2014como Carpintero o Herrero\u2014; otros nacen de la geograf\u00eda \u2014Madrid, Bilbao o Espa\u00f1a\u2014, mientras algunos reflejan la conexi\u00f3n con la naturaleza: Montes, Cuevas o Valle.<\/p>\n\n\n\n<p>Los apellidos revelan historias ocultas de sus portadores, de sus ra\u00edces y emociones. Nombres como Exp\u00f3sito, Iglesias, Tirado o De Mar\u00eda brindaron identidad a hu\u00e9rfanos: un abrazo legal en medio de la soledad. En la antigua Roma, los apellidos reflejaban rasgos f\u00edsicos, como el curioso Manius Curius Dentatus o Marco Tulio Cicer\u00f3n, cuyo lunar en forma de garbanzo dio origen a su nombre. En Espa\u00f1a, muchos apellidos derivan del nombre del padre: \u00c1lvaro se convierte en \u00c1lvarez; Domingo, en Dom\u00ednguez. Otros provienen de la herencia romana consecuencia del Imperio: Aurelius, Aureliano, Orellana, Rajoy o Galiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, apellidos como Cabeza o Calvo contin\u00faan esa tradici\u00f3n descriptiva. En el Pa\u00eds Vasco, los apellidos evocan paisajes: Celaya significa \u00abllanura sembrada\u00bb; Cucullo, \u00abgran corral\u00bb; y Guevara, \u00abllano plano\u00bb. En el Magreb, los apellidos se tejen con la herencia familiar, como Mohammed Ben Ahmed, \u00abhijo de Ahmed\u00bb. Tambi\u00e9n las profesiones y los lugares dan vida a los nombres: El Fassi, el alfarero; El Mekki, el originario de La Meca.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">El apellido Paredes<\/h1>\n\n\n\n<p>El apellido Paredes posee una etimolog\u00eda cautivadora, con ra\u00edces que podr\u00edan provenir del hebreo y relacionarse con la idea de huerto o vergel. Su forma original, \u00abPar\u2019des\u00bb, evoca la conexi\u00f3n con la naturaleza y la fertilidad, pintando paisajes de exuberancia y abundancia. Este t\u00e9rmino tiene adem\u00e1s un profundo trasfondo hist\u00f3rico vinculado al pueblo jud\u00edo tras la ca\u00edda del Primer Templo de Jerusal\u00e9n. La Enciclopedia Judaica lo describe como un jard\u00edn real, un refugio de belleza y esplendor.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Biblia, la palabra aparece relacionada con jardines y para\u00edsos. El Cantar de los Cantares resalta la belleza de los huertos; Eclesiast\u00e9s y Nehem\u00edas tambi\u00e9n aluden a parques y jardines, subrayando la abundancia natural. En algunas traducciones griegas, \u00abPar\u2019des\u00bb aparece como el para\u00edso donde habitaron Ad\u00e1n y Eva, s\u00edmbolo de plenitud y vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato del Ed\u00e9n narra que \u00abJehov\u00e1 Dios plant\u00f3 un huerto en Ed\u00e9n\u00bb, reflejando la riqueza de aquel entorno. El jard\u00edn albergaba \u00e1rboles hermosos y frutos que alimentaban a todos sus habitantes: un verdadero ed\u00e9n de vida. Ese territorio, que la tradici\u00f3n asocia con la antigua Mesopotamia, permanece como s\u00edmbolo de fertilidad y memoria.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Paredes de Nava: un inicio<\/h1>\n\n\n\n<p>PAR\u2019DES, el jard\u00edn del conocimiento, representa un s\u00edmbolo de sabidur\u00eda eterna. Este apellido se ancla tambi\u00e9n en la historia de una batalla crucial: Las Navas de Tolosa, en 1212, un acontecimiento que transform\u00f3 el destino de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>El apellido Paredes se entrelaza con otros como Salguero, Ceas y Zea. La dispersi\u00f3n de estos nombres narra historias de migraci\u00f3n, mestizaje y fusi\u00f3n cultural. En Guatemala, su legado se remonta a la \u00e9poca colonial, enriqueciendo nuestra identidad latinoamericana.<\/p>\n\n\n\n<p>Valorar nuestras ra\u00edces es celebrar la continuidad de nuestras comunidades. Nuestros apellidos son m\u00e1s que simples etiquetas: son portadores de relatos, tradiciones y legados que nos conectan con el pasado. Al explorar la etimolog\u00eda de apellidos como Paredes, Salguero, Ceas y Zea, descubrimos una compleja trama de influencias culturales y sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada apellido cuenta una historia \u00fanica y refleja las vivencias de quienes nos precedieron. La narrativa familiar es un viaje enriquecido por cada generaci\u00f3n, marcado por desaf\u00edos y transformaciones. Fuimos reconocidos como espa\u00f1oles; luego, en registros posteriores, aparecimos clasificados como mulatos y m\u00e1s tarde como ladinos. Nuestra identidad evolucion\u00f3 junto con la historia social de Guatemala.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe un vac\u00edo de dos siglos que todav\u00eda debemos explorar y comprender. Nombres como Jos\u00e9, Mart\u00edn o Ram\u00f3n resuenan en nuestra historia familiar, mientras otros m\u00e1s recientes \u2014Arcely, Perla, Wendy o Xiomara\u2014 muestran el cambio de los tiempos y las transformaciones culturales.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Paredes, Zea, Ceas y Salguero reflejan la fortaleza de una identidad que sobrevivi\u00f3 a divisiones sociales y raciales. Antes de la fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica de Guatemala en 1847, ya \u00e9ramos parte de esta tierra. Nuestras ra\u00edces se hunden en \u00e9pocas previas a la independencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese v\u00ednculo con la historia nos impulsa a preservar nuestra cultura y nuestras tradiciones. Aunque en algunas actas aparecemos definidos como \u00abnaturales\u00bb, pareciera que en otro momento de nuestra historia fuimos considerados \u00abtributarios\u00bb. En cuanto a la identidad ind\u00edgena de nuestra familia de Jutiapa, pocos se sentir\u00edan inclinados a reconocerse como tales bajo el apellido Paredes, asociado a un terrateniente hisp\u00e1nico. Sin embargo, es evidente que los nombres y apellidos de origen maya coexistieron y contin\u00faan coexistiendo con otras culturas en Guatemala.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de nuestra familia es un canto a la diversidad y a la resistencia cultural. Llevamos en nosotros el legado de quienes nos precedieron. La condici\u00f3n de mulato aparece reflejada en familias antes clasificadas como indios o mestizos en antiguos registros civiles, como si una pluma administrativa hubiera transformado identidades enteras.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser ladino pudo convertirse en un fen\u00f3meno social que uni\u00f3 a personas con herencias culturales compartidas. La noci\u00f3n de naci\u00f3n se teji\u00f3 con los hilos de nuestras historias comunes. Pronto, el ADN revelar\u00e1 nuevas verdades sobre nuestras ra\u00edces \u00e9tnicas, aunque nada cambiar\u00e1 la riqueza de la vida ya vivida.<\/p>\n\n\n\n<p>Somos un colectivo unido por lazos que van m\u00e1s all\u00e1 de las etiquetas. Recordemos que, en tiempos de pirater\u00eda y guerras coloniales, mulatos y mestizos defendieron territorios hisp\u00e1nicos como soldados. Espa\u00f1a aprovech\u00f3 la fuerza de pardos y mestizos para resistir invasiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Al explorar nuestros apellidos, descubr\u00ed que Paredes, Zea, Salguero, Sea y Ceas provienen de una misma regi\u00f3n cercana a Palencia, en pueblos separados apenas por unos cincuenta kil\u00f3metros. M\u00e1s que linajes de grandes conquistadores, parecieran historias de migrantes trabajadores que huyeron de la expropiaci\u00f3n de tierras, las guerras, la peste y la pobreza. Aunque hubo personajes hist\u00f3ricos como el capit\u00e1n Alonso Garc\u00eda de Paredes o Mariano de Paredes, estos no parecen pertenecer a nuestra rama familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Es cierto que muchos emigrantes espa\u00f1oles vivieron formas de explotaci\u00f3n similares a las sufridas por ind\u00edgenas y africanos en las minas. Eran vistos \u00fanicamente como mano de obra, sin reconocimiento de su humanidad. A partir de 1860, la situaci\u00f3n de algunos migrantes comenz\u00f3 a mejorar. Muchos hab\u00edan abandonado su tierra natal en busca de nuevas oportunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>En mi familia, la identidad ladina se entrelaza tambi\u00e9n con la conversi\u00f3n religiosa. Despu\u00e9s de a\u00f1os de investigaci\u00f3n, no encontr\u00e9 evidencia de una herencia jud\u00eda directa en nuestras ra\u00edces. Nuestras tradiciones, nombres y creencias muestran una continuidad profundamente cat\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra historia comienza con la llegada de extranjeros a estas tierras. Tal vez nuestros antepasados compartieron el viaje con quienes ya habitaban la regi\u00f3n. Sin embargo, los primeros ecos de esa traves\u00eda se pierden en dos siglos de silencio. Al llegar al siglo XVII contemplamos tanto un pasado ausente como un presente que nos invita a seguir indagando.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">C\u00f3mo llegamos a este punto<\/h1>\n\n\n\n<p>A veces es m\u00e1s f\u00e1cil dejar que el tiempo fluya e ignorar los vientos de recuerdos que traen consigo tormentas. Tormentas que arrastran a nuestros seres queridos, nuestros sue\u00f1os y las metas que anhel\u00e1bamos alcanzar. Huracanes que nos arrancan de ra\u00edz y nos obligan a abandonar la tierra que nos vio nacer en busca de un nuevo destino.<\/p>\n\n\n\n<p>En el desconsuelo, algunos buscaron refugio en las sombras del alcohol y las drogas. Sin embargo, incluso en medio del odio y la confusi\u00f3n, tambi\u00e9n encontramos amor en las miradas cruzadas por la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Ustedes son la esencia de mi ser: los cabellos lacios, los cabellos rizados, los ojos de Jos\u00e9 Mar\u00eda Sarvelio, el llanto de Onofre al despedirse de la vida, los recuerdos de Teresa, el viaje de Blanca Lidia, las manos del clarinetista, los dolores de las Mar\u00edas, las l\u00e1grimas ocultas cuando dej\u00e9 a mis hermanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ustedes son el reflejo de mis ra\u00edces: el c\u00e1ncer de mi mam\u00e1, los amantes de Julia, los hijos de Dora, Josefina y Blanca Lidia; el drama de nuestras soledades en tierras extranjeras. Son las manos del alba\u00f1il, los pies con caites, los primos y hermanos que nunca conocimos. Son tambi\u00e9n los t\u00edtulos y diplomas que hemos alcanzado.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros somos el eco de nuestros recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este viaje de la vida sufrimos violencias, desprecios, humillaciones, robos, secuestros, desapariciones y despojos. Lo que le hicieron a uno de los nuestros nos lo hicieron a todos. Por eso debemos recordar que somos uno: sufrimos juntos y celebramos juntos. Cuando alguien de nosotros muere, algo dentro de nosotros tambi\u00e9n muere. Cuando alguien triunfa, todos triunfamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablaremos de nosotros y descubriremos que, m\u00e1s all\u00e1 de la tristeza y la alegr\u00eda, somos formidables.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">El relato de la abuela Francisca<\/h1>\n\n\n\n<p>En mi adolescencia, mi abuela Francisca me llev\u00f3 a su trabajo en una lavander\u00eda. Mientras restregaba la ropa, me narr\u00f3 la historia de nuestra familia con la ternura de los viejos. Me habl\u00f3 de Calixta, Herlinda, Florencio, Francisco y Timotea; de los Chinchilla, Vel\u00e1squez, L\u00f3pez y Monterroso; de lugares como Chinautla, Amatitl\u00e1n, Villalobos y B\u00e1rcenas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me anim\u00f3 a buscar a nuestros parientes y a presentarme con orgullo. Tambi\u00e9n me habl\u00f3 de sufrimientos y humillaciones que, a veces, proven\u00edan de nuestros propios seres queridos. Quiz\u00e1 la superaci\u00f3n econ\u00f3mica trajo consigo celos y divisiones familiares.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Llevamos nuestro pasado en el cuerpo<\/h1>\n\n\n\n<p>Hace a\u00f1os, una conversaci\u00f3n fugaz con mi primo Julio Mart\u00edn, hijo de Teresa \u2014hermana de mi padre\u2014, revel\u00f3 un legado familiar oculto. Ese conocimiento, guardado durante generaciones, despert\u00f3 en m\u00ed una profunda curiosidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante dos d\u00e9cadas he reflexionado sobre este tema. En un viaje a Guatemala visit\u00e9 a Julio en su trabajo en un banco. Aunque abord\u00e9 el asunto de manera ligera, sent\u00ed la necesidad de comprender la magnitud de nuestro legado familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>En una conversaci\u00f3n, Julio evoc\u00f3 la herencia de su madre, Teresa de Jes\u00fas, y la rica historia familiar que la acompa\u00f1a. La memoria se convirti\u00f3 entonces en un lazo que nos une a nuestras ra\u00edces y tradiciones.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">\u00abMe llamo Julio Mart\u00edn y soy abogado\u00bb<\/h1>\n\n\n\n<p>Soy abogado. Mi madre, Teresa, me habl\u00f3 mucho de mi abuela Mar\u00eda Dolores, a quien nunca conoc\u00ed. Su figura se convirti\u00f3 en un espectro que habit\u00f3 mis noches mientras escuchaba los relatos sobre las penurias de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Dolores, hija de Rodrigo Salguero y Onofre Zea, tuvo ocho hermanos: Jos\u00e9 Lino, Margarita, Adri\u00e1n, Filiberta, Timoteo, Margarito, Alberto y Piedad Ram\u00f3n. Cuando nacieron los gemelos, mi madre contaba que Onofre muri\u00f3 durante el parto. Recuerdo c\u00f3mo hac\u00eda pausas, suspiraba y dec\u00eda con la voz quebrada: \u00ab\u00a1Ah, los cuachitos!\u00bb. Esa misma noche murieron tambi\u00e9n los gemelos, y lo ocurrido qued\u00f3 grabado en la memoria familiar como una maldici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Rodrigo Salguero naci\u00f3 en 1853. Durante sus 72 a\u00f1os de vida desempe\u00f1\u00f3 distintos oficios: soldado de infanter\u00eda, agricultor y tambi\u00e9n guisache. Parece que ejerci\u00f3 este \u00faltimo oficio con especial talento, pero tras la muerte de Onofre, en 1904, su vida qued\u00f3 marcada por la desgracia.<\/p>\n\n\n\n<p>D\u00edas despu\u00e9s, sin explicaci\u00f3n aparente, Rodrigo vendi\u00f3 la peque\u00f1a casa que proteg\u00eda a la familia y abandon\u00f3 a sus hijos al cuidado de unos conocidos del pueblo. Desapareci\u00f3 con la misma promesa que Fantine hace en \u00abLos miserables\u00bb cuando deja a Cosette con los Th\u00e9nardier: \u00abYa volver\u00e9 por ustedes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Los seis hermanos quedaron sumidos en una infancia de miseria. Dorm\u00edan en el suelo y sobreviv\u00edan con sobras. El pueblo parec\u00eda aceptar con indiferencia la tragedia de aquellos ni\u00f1os despojados del amor de su madre y del refugio de su hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Las preguntas sobre el abandono resonaron durante a\u00f1os en la mente de mi madre. \u00bfPor qu\u00e9 Rodrigo vendi\u00f3 la casa? \u00bfPor qu\u00e9 olvid\u00f3 a sus hijos?<\/p>\n\n\n\n<p>Los relatos de mi mam\u00e1, siempre interrumpidos por silencios interminables, reflejaban la angustia de una hija que buscaba respuestas. Cada pausa parec\u00eda contener un grito. En esos silencios yo imaginaba a Mar\u00eda Dolores atravesando la puerta, cansada de la vida, para continuar ella misma el relato del destino de los Zea Salguero.<\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo de Jutiapa, como un tribunal permanente, juzgaba la conducta de Rodrigo. Cuidar a seis ni\u00f1os era una carga inmensa: seis bocas que alimentar, seis pares de zapatos, seis platos en cada comida.<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda veo a mi madre llorar mientras me contaba estas historias. Y yo tampoco puedo evitar llorar cuando pienso en ese destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Son rosarios de palabras que avanzan unas detr\u00e1s de otras, llevando consigo las vidas de Onofre, Mar\u00eda Dolores, Teresa, Ram\u00f3n, Julia Elena, Josefina y tambi\u00e9n las nuestras.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, Julio Mart\u00edn, abogado, quisiera que la injusticia compareciera ante un tribunal simb\u00f3lico por el da\u00f1o causado a nuestra familia. Quisiera que las l\u00e1grimas de nuestros padres y madres fueran reconocidas como inocentes y que todos pudi\u00e9ramos entrar dignamente en esta casa hecha de palabras para afirmar que, m\u00e1s all\u00e1 de nuestros errores, distancias, tristezas y despedidas, nos hemos amado profundamente.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Lourdes Paredes Zea: la madre y la mam\u00e1<\/h1>\n\n\n\n<p>Para saber qui\u00e9nes somos llevamos un nombre; para saber de d\u00f3nde venimos, llevamos dos apellidos. A trav\u00e9s de ellos podemos adivinar la historia, el car\u00e1cter y la dignidad de nuestros padres.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llamo Lourdes. Mi nombre proviene de la comunidad francesa de Lourdes, en los Pirineos, cerca de la frontera espa\u00f1ola, donde seg\u00fan la tradici\u00f3n apareci\u00f3 la Virgen ante unos ni\u00f1os pastores, entre ellos Bernadette.<\/p>\n\n\n\n<p>Llevo los mismos apellidos de mi madre, de mamita Teresa y de Julia Elena. Teresa tuvo el coraje de asumir tanto el papel del padre que trabaja como el de la madre que protege y da cari\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprendo ahora que s\u00e9 muchas cosas de nuestra familia porque mamita Teresa nos las cont\u00f3. Mar\u00eda Dolores, mi abuela, sufri\u00f3 profundamente, tanto por pobreza como por desamor. En aquellos tiempos, sin el apoyo de un marido responsable, muchas mujeres sobreviv\u00edan trabajando como sirvientas y viviendo en cuartos miserables.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa fue parte de nuestra herencia: trabajo, pobreza y machismo. Teresa, Julia, Josefina y Jos\u00e9 Ram\u00f3n crecieron en medio de esas dificultades.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero mi verdadera mam\u00e1 fue Teresa. Ella me protegi\u00f3 siempre, trabaj\u00f3 como sirvienta, lav\u00f3 ropa, hizo flores y realiz\u00f3 cuantos oficios pudo para darme abrigo y cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre biol\u00f3gica, Josefina, viv\u00eda atrapada en sus propios sufrimientos. Hoy pienso que pudo haber padecido una enfermedad mental. Varias veces puso mi vida en peligro y lleg\u00f3 incluso a dejarme con extra\u00f1os. Pero Teresa siempre estaba all\u00ed para rescatarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo especialmente a Rosanita, hermana de mi abuela Mar\u00eda Dolores. Un d\u00eda, aprovechando la ausencia de mamita Teresa, me llev\u00f3 consigo. Fue un secuestro silencioso que dur\u00f3 a\u00f1os. Me obligaba a trabajar para ella y su familia sin recibir nada a cambio.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo comprend\u00ed que Teresa no me abandon\u00f3: simplemente no ten\u00eda el poder legal para recuperarme. Aun as\u00ed, siempre supe que un d\u00eda volver\u00eda por m\u00ed. Y as\u00ed ocurri\u00f3. Cuando cumpl\u00ed dieciocho a\u00f1os reun\u00ed fuerzas para escapar de aquel lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esfuerzo estudi\u00e9, me gradu\u00e9 de bachiller y luego de enfermer\u00eda. Tambi\u00e9n enfrent\u00e9 la muerte de mi esposo, padre de mis dos primeros hijos. Comprend\u00ed entonces que el cari\u00f1o recibido puede romper cadenas de tristeza y pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>La mam\u00e1 es quien da reglas de vida, quien arropa, quien cuenta historias antes de dormir y quien llora en silencio cuando no sabe qu\u00e9 dar\u00e1 de comer al d\u00eda siguiente. As\u00ed era mamita Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el paso del tiempo aprend\u00ed a perdonar, aunque no a olvidar. Esa es la condici\u00f3n para vivir en paz. El 27 de febrero de 2024 falleci\u00f3 mi esposo, v\u00edctima de c\u00e1ncer. Hoy encuentro fortaleza en mis hijos y en la continuidad de nuestra familia.<\/p>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading\">Mar\u00eda Dolores, la nieta<\/h1>\n\n\n\n<p>A lo largo de nuestra vida vivimos en distintas casas: cerca de la parroquia, por Matamoros, en la zona 6 y junto al antiguo cine popular. Recuerdo especialmente a mi madre durante las festividades, fabricando y vendiendo flores.<\/p>\n\n\n\n<p>En Navidad hac\u00eda flores de pascua; para el D\u00eda de la Madre elaboraba monjas blancas; y para el D\u00eda de Muertos confeccionaba coronas funerarias. Caminaba hasta la zona 18 y Llano Largo para venderlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros la acompa\u00f1\u00e1bamos. Cerca hab\u00eda una panader\u00eda donde compraba unos cachitos deliciosos. Esos peque\u00f1os gestos se convert\u00edan en grandes alegr\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre tambi\u00e9n nos ense\u00f1\u00f3 a cocinar y a trabajar. Julio se convirti\u00f3 en un excelente cocinero gracias a ella. Viv\u00eda adem\u00e1s con nosotros la t\u00eda Julia, quien sufri\u00f3 una fractura en la pierna en circunstancias nunca aclaradas.<\/p>\n\n\n\n<p>Julio, con apenas cinco a\u00f1os, ayudaba a cuidar a la t\u00eda Julia y colaboraba en la cocina. Un d\u00eda pregunt\u00e9 a mi madre por el origen de mi nombre y me explic\u00f3 que era un homenaje a mi abuela Mar\u00eda Dolores. Tambi\u00e9n me dijo que los apellidos Paredes Zea proven\u00edan de ella y representaban una herencia familiar que nos un\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre era creativa. Reciclaba rollos de cart\u00f3n y latas para transformarlos en macetas decoradas con flores. Tambi\u00e9n hac\u00eda pi\u00f1atas para cumplea\u00f1os y primeras comuniones.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, ten\u00eda una hermosa voz de soprano l\u00edrica. Cantaba en iglesias durante bodas, funerales, bautizos y novenas. Su fe cat\u00f3lica se expresaba a trav\u00e9s de la m\u00fasica, y su voz qued\u00f3 grabada en la memoria de quienes la escucharon.<\/p>\n\n\n\n<p>Vivimos tambi\u00e9n durante un tiempo en Antigua Guatemala debido al trabajo de mi madre. Julio se qued\u00f3 estudiando con una t\u00eda. En aquellos a\u00f1os ocurrieron muchas cosas: Blanca Lidia tuvo una hija que muri\u00f3 siendo apenas una ni\u00f1a y fue enterrada en Antigua.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de esa experiencia, mi madre decidi\u00f3 regresar a la capital para no permanecer lejos de sus hijos. Trabajaba hasta las tres de la ma\u00f1ana confeccionando flores mientras yo preparaba el almuerzo al volver de estudiar.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed transcurri\u00f3 nuestra historia: entre p\u00e9rdidas, sacrificios, migraciones, amor y memoria. Y aunque muchas veces la tristeza pareci\u00f3 imponerse, seguimos aqu\u00ed, unidos por el relato de quienes vinieron antes de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un pasado simple Historia familiar de los Paredes, Zea, Salguero y Ceas Los apellidos nacieron en China hace aproximadamente cinco mil a\u00f1os y florecieron en Europa durante la Edad Media. En aquel per\u00edodo comenzaron a simbolizar la propiedad privada y&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-767","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-non-classe"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/767","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=767"}],"version-history":[{"count":64,"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/767\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1016,"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/767\/revisions\/1016"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=767"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=767"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/luis-paraiso.art\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=767"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}