{"id":1036,"date":"2026-07-30T17:28:48","date_gmt":"2026-07-30T15:28:48","guid":{"rendered":"https:\/\/luis-paraiso.art\/?p=1036"},"modified":"2026-07-30T17:28:48","modified_gmt":"2026-07-30T15:28:48","slug":"martin-sanchez-un-amigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/luis-paraiso.art\/?p=1036","title":{"rendered":"Martin Sanchez Un amigo"},"content":{"rendered":"\n<p>Se Llama Mart\u00edn S\u00e1nchez y tambi\u00e9n se fue para el otro lado<\/p>\n\n\n\n<p>Hace meses que esta idea se pasea por mi cabeza como un animal antiguo que hubiera encontrado en mis recuerdos el \u00fanico lugar donde todav\u00eda puede dormir. No me extra\u00f1a. Desde hace muchos a\u00f1os convivo con los fantasmas del pasado, con los vagabundos de mi infancia que siguen caminando por los mismos senderos de tierra, como si el tiempo hubiera olvidado borrarlos y ellos se empe\u00f1aran en impedir que aquellos caminos llegaran alguna vez a su final. De d\u00eda, cuando el sol apenas alcanza para espantar la nostalgia, y de noche, cuando el sue\u00f1o se niega a cerrar los ojos, esa idea galopa dentro de m\u00ed atravesando mi infancia, mi adolescencia y el instante preciso en que abandon\u00e9 aquella tierra donde estaban enterrados todos los nombres que alguna vez pronunci\u00e9 con amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi partida&#8230; Tal vez sea esa la raz\u00f3n que me despierta antes del alba y que tantas noches me deja mirando la oscuridad hasta que cantan los gallos. Haber salido de Quetzaltenango con las manos vac\u00edas, como lo hicieron cientos de hombres antes que yo y miles despu\u00e9s, sin saber que la pobreza no era el equipaje m\u00e1s pesado. Me fui creyendo que s\u00f3lo abandonaba una ciudad, sin sospechar que tambi\u00e9n dejaba atr\u00e1s el amor de mi vida, y que uno puede sobrevivir al hambre, al fr\u00edo y al exilio, pero rara vez sobrevive intacto al lugar donde dej\u00f3 su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando uno abandona la tierra donde aprendi\u00f3 a caminar, no se marcha solo. Carga sobre los hombros la voz del padre llam\u00e1ndolo desde el patio, las manos de la madre acomodando la mesa para una cena que nunca volver\u00e1 a repetirse, las risas de los hermanos, los amigos que prometieron esperarlo para siempre y las traiciones que, con el tiempo, terminan pareci\u00e9ndose demasiado a los viejos amores. Porque son precisamente esas traiciones, y los amores rotos por el desenga\u00f1o, los que nos vuelven hombres mientras lloramos en silencio por los caminos del destierro, convencidos de que nadie escucha el ruido que hace un coraz\u00f3n cuando se rompe lejos de su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos partieron detr\u00e1s de m\u00ed. Algunos se quedaron para siempre en alg\u00fan rinc\u00f3n del camino donde nadie recuerda sus nombres. Otros regresaron antes de cruzar la mitad del desierto porque comprendieron que tambi\u00e9n existe una derrota digna. Algunos atravesaron el r\u00edo, vencieron la frontera, burlaron a la aduana y encontraron al otro lado los amores que hab\u00edan perdido o, al menos, encontraron alguien que les hizo creer durante un tiempo que el pasado pod\u00eda olvidarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Me contaron que, all\u00e1 por Veracruz, en M\u00e9xico, existe un grupo de mujeres que espera el paso del tren con los ojos llenos de una misericordia que s\u00f3lo conocen las madres. Cuando aparece aquella inmensa bestia de hierro, lanzan bolsas con comida y botellas de agua a los migrantes que viajan aferrados a los vagones como si abrazaran el \u00faltimo pedazo de esperanza que les queda. Dicen que algunas rezan mientras lanzan el pan, porque saben que el tren devora hombres con la misma facilidad con la que otros animales devoran la hierba.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre he pensado que los nombres no nacen por casualidad. Los nombres de las personas, de los pueblos, de los r\u00edos, de los apellidos y hasta de los apodos esconden una historia que s\u00f3lo el tiempo conoce por completo. Esa bestia de hierro me hace recordar a mi abuelo, quien aseguraba que cuando el primer tren lleg\u00f3 a su aldea la gente corr\u00eda a esconderse detr\u00e1s de los \u00e1rboles y de las paredes de adobe. \u00ab\u00a1Corran, muchachos, que ya viene el Perrocarril!\u00bb, gritaban, pronunciando aquella palabra con el mismo temor con que otros nombraban al diablo, porque el tren parec\u00eda un animal descomunal que resoplaba humo negro y sacud\u00eda la tierra como si anunciara el fin del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esa bestia nos lleva todav\u00eda m\u00e1s lejos, hasta hace m\u00e1s de dos mil quinientos a\u00f1os, cuando Alejandro Magno logr\u00f3 domesticar a un caballo salvaje llamado Buc\u00e9falo, la cabeza de toro, cuya bravura era tan grande que s\u00f3lo acept\u00f3 inclinarse ante un hombre que supo mirarlo sin miedo. Montado sobre aquel caballo conquist\u00f3 imperios enteros, como si la historia hubiera decidido que los hombres nacidos para marcharse s\u00f3lo pod\u00edan hacerlo sobre criaturas indomables.<\/p>\n\n\n\n<p>Plutarco cuenta que Buc\u00e9falo era tan feroz que muchos cre\u00edan que descend\u00eda de las yeguas de Diomedes, aquellas bestias que se alimentaban de carne humana y que H\u00e9rcules tuvo que capturar en uno de sus doce trabajos. Encadenadas por un rey tan cruel como ellas, devoraban a los viajeros inocentes que ten\u00edan la desgracia de pasar por sus dominios. Desde entonces he pensado que las bestias nunca desaparecen; simplemente cambian de piel para seguir aliment\u00e1ndose de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy ya no tienen forma de caballo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tienen ruedas de acero.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruzan la noche con un silbido interminable.<\/p>\n\n\n\n<p>Y siguen aliment\u00e1ndose de la carne de los migrantes.<\/p>\n\n\n\n<p>No hace falta decir nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo este rodeo, que parece desviarse entre trenes, caballos y caminos de destierro, no ha sido m\u00e1s que la manera que tiene la memoria de prepararme para hablar de un hombre al que nunca consegu\u00ed olvidar. Porque los recuerdos son como los r\u00edos de la monta\u00f1a: jam\u00e1s avanzan en l\u00ednea recta; dan vueltas, desaparecen bajo las piedras y reaparecen muchos kil\u00f3metros despu\u00e9s, como si hubieran estado buscando el momento preciso para volver a la superficie.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese hombre se llamaba Mart\u00edn S\u00e1nchez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n emprendi\u00f3 el viaje hacia el otro lado. Nunca supe con certeza cu\u00e1l fue el sendero que eligi\u00f3 ni cu\u00e1ntas fronteras tuvo que dejar atr\u00e1s, pero s\u00ed s\u00e9 que la vida lo llev\u00f3 muy lejos, tan lejos que el muchacho que un d\u00eda conoc\u00ed termin\u00f3 convertido en otro hombre. Sin embargo, a diferencia de muchos, Mart\u00edn fue de los que regresaron. Hay personas que vuelven con las manos llenas y otras que regresan cargando \u00fanicamente los silencios que recogieron durante el camino. Nunca pregunt\u00e9 cu\u00e1l de las dos cosas tra\u00eda Mart\u00edn, porque hay preguntas que s\u00f3lo el tiempo tiene derecho a responder.<\/p>\n\n\n\n<p>Ven\u00eda de una familia trabajadora. Ten\u00eda una madre y un padre que en el barrio eran conocidos por la dignidad con la que enfrentaban la vida. Dec\u00edan que su padre era un hombrazo de esos a quienes el trabajo jam\u00e1s les produc\u00eda miedo, hombres que parec\u00edan hechos de la misma madera con que se constru\u00edan las puertas antiguas: resistentes al sol, a la lluvia y a las desgracias. Creo recordar que tambi\u00e9n se llamaba Mart\u00edn, como si el nombre hubiera decidido quedarse para siempre en aquella familia. Siempre pens\u00e9 que los S\u00e1nchez guardaban alg\u00fan parentesco con la estirpe de los De Paz; quiz\u00e1s con do\u00f1a Elisa o con Mart\u00edn De Paz, porque en nuestros pueblos las familias terminaban entrelaz\u00e1ndose de maneras que nadie alcanzaba a explicar y que s\u00f3lo las abuelas conoc\u00edan de memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Su madre era una mujer silenciosa, de esas que nunca necesitaban levantar la voz para hacerse respetar. Cuando nosotros atraves\u00e1bamos la adolescencia crey\u00e9ndonos due\u00f1os del mundo, la ve\u00edamos caminar por las calles del barrio con una elegancia que no depend\u00eda de la ropa sino de la serenidad con que llevaba la vida sobre los hombros. Caminaba siempre ligera, con la mirada fija hacia adelante, como si conociera un destino que los dem\u00e1s todav\u00eda ignor\u00e1bamos. Al cruzarse con las otras mujeres las saludaba con aquella mezcla de respeto y discreci\u00f3n que ten\u00edan las madres de entonces, mujeres educadas para sostener una familia sin hacer ruido, convencidas de que la bondad era una forma de fortaleza que no necesitaba exhibirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando la distancia ya hab\u00eda convertido a Quetzaltenango en un lugar donde s\u00f3lo pod\u00eda regresar con la memoria, comenzaron a llegarme largas cartas y, m\u00e1s tarde, interminables correos electr\u00f3nicos escritos por los amigos que permanecieron en el barrio. Me contaban las peque\u00f1as noticias que para cualquier otro habr\u00edan sido insignificantes, pero que para m\u00ed ten\u00edan el peso de una patria entera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfTe acord\u00e1s de aquel&#8230;?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces empezaban a desfilar los nombres como si los estuvieran llamando lista en una escuela que el tiempo se hab\u00eda negado a cerrar.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chino.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chapis.<\/p>\n\n\n\n<p>El Moncho.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, tarde o temprano, siempre aparec\u00eda Mart\u00edn S\u00e1nchez.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque hay personas que nunca terminan de irse. Permanecen viviendo en la memoria de quienes compartieron con ellas una calle polvorienta, un partido de f\u00fatbol, una tarde de lluvia o un pedazo de infancia. Y mientras alguien siga pronunciando su nombre, contin\u00faan caminando por las mismas calles del barrio La Cumbre y de El Caracol, donde el tiempo parece haber aprendido el secreto de quedarse inm\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se Llama Mart\u00edn S\u00e1nchez y tambi\u00e9n se fue para el otro lado Hace meses que esta idea se pasea por mi cabeza como un animal antiguo que hubiera encontrado en mis recuerdos el \u00fanico lugar donde todav\u00eda puede dormir. 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